jueves, 2 de diciembre de 2010

Rafael Chylinski, Beato

Rafael Chylinski (en el siglo, Melchor), religioso profeso, franciscano conventual, sacerdote, nació de familia noble en Wisoczka (Poznan, Polonia) el 6 de enero de 1694.

Al terminar los estudios en el colegio de los jesuitas de Poznan, hizo durante tres años el servicio militar, llegando al grado de oficial. Luego ingresó en la Orden de los Franciscanos Conventuales de Cracovia, en la que quiso ser hermano laico.

Aceptado por voluntad de los superiores como clérigo, hizo un curso abreviado de filosofía y teología a causa de la peste (1708), que provocó la muerte del cincuenta por ciento de los frailes de la provincia conventual polaca. Recibió la ordenación sacerdotal en 1717.

Trabajó en diversas casas religiosas como confesor y predicador y se cuidó de los pobres. Sus predicaciones sencillas contrastaban con el estilo barroco vigente, y tenían gran eficacia pastoral. Pasaba horas enteras en el confesonario. Llevó una vida de mortificación y abnegación.

Murió el 2 de diciembre de 1741, a los 47 años, en Lagiewniki, cerca de Lódz, donde reposa su cuerpo.

Lo beatificó Juan Pablo II el 9 de junio de 1991, estableciendo que su fiesta se celebre el 2 de diciembre.
 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Charles (Carlos de Jesús) de Foucauld, Beato

Hermano Carlos de Jesús) nace en Francia, en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca ».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro...”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue matado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varia reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

Testimonio de vida...

Queridos alumnos:

Desde el primer día de diciembre nuestra reflexión tiene como objetivo reflexionar, sobre el testimonio de vida. Es por ello, que creo conveniente que día con día reflexionemos sobre la vida de uno de los santos. Ya que ellos son los que nos han mostrado con su vida; como es posible vivir cerca de Dios aún apesar de las diferentes dificultades de la vida. Espero que al leer a cada uno de ellos, podamos imitar sus ejemplos de vida y así un día por medio de asumir un proyecto de conversión personal, podamos aspirar a la santidad, que no es otra cosa, que vivir en al felicidad de los hijos de Dios. Aprovecho para enviarles una felicitación por ser fieles seguidores del Blog y al mismo tiempo espero que el Adviento nos sirva para limpiar, ordenar y adornar nuestra vida y la de los que nos rodean. Un fuerte abrazo para cada uno de ustedes.

Cordialmente.


Lic. Carlos Luna Marroquín.
Coordinador de Pastoral

lunes, 22 de noviembre de 2010

Imagen y semejanza de Dios

El cristianismo ha recogido los valores culturales de una cosmovisión realista-objetiva. Los ha completado con la revelación de que el hombre es imagen y semejanza de Dios. En esto, en última instancia, radica la auténtica y más profunda dignidad del hombre: en vivir de conformidad con su carácter de “imagen y semejanza de Dios”. Contamos para ello con un ejemplo y guía de lo que es realizar tal imagen y semejanza; ese ejemplo es Jesucristo. Imitar a Cristo significa vivir según la caridad lo cual conlleva vivir en el amor, llegando hasta la propia negación de sí en pos de los demás, por amor a Dios. A esto se reduce la “tensión” que referíamos más atrás y el desafío a que nos enfrenta la vida: o pretender realizarnos humanamente, pero al margen de Dios, o forjar un nuevo humanismo a imitación de Cristo: el nuevo hombre en Cristo resucitado.

viernes, 19 de noviembre de 2010

“Conócete a ti mismo”

Esta conocida frase de origen griego se completaba diciendo: “y sé lo que eres”. Así, se sintetiza toda una antropología y una ética forjada en una cosmovisión realista y objetiva. El hombre posee una naturaleza que dada, que debe reconocer, respetar y realizar: es un ser dotado de inteligencia y voluntad y un ser libre. En razón de su inteligencia está llamado a conocer la verdad y en razón de su voluntad está llamado a amar el bien. Existe un impulso natural en el hombre que le mueve a todo aquello que le perfecciona. El destino y dignidad del hombre radica en la vida virtuosa, único medio para lograr una adecuada “apropiación” de la condición humana. Prudencia, justicia, fortaleza y templanza; he aquí, las virtudes a cultivar en cada uno de nosotros. En el campo de lo social: especialmente la justicia y la solidaridad.

Individualismo y pragmatismo

También la “cosificación” puede obrar en el individuo con respecto a sí mismo; en un marco hedonista, la dignidad humana queda ceñida al ámbito del cuerpo y las necesidades y apetitos corporales. La primacía de la autorrealización y del propio placer, convalida, asimismo, la legitimación de todo medio destinado a su consecución y el rechazo de todo lo que se le opone; es común en esta visión, el desprecio por todo dolor y sufrimiento, y el rechazo o subvaloración del hombre débil o doliente. La “aprobación” cultural del aborto y su convalidación legal; la eutanasia, la difusión de los supuestos “derechos reproductivos” como expresión de una sexualidad individualista, la indiferencia frente al anciano o al minusválido, son ejemplos de esta actitud.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

“Cosificación” del hombre: El “Hombre-instrumento”

Es la reducción de la condición humana a mera “cosa” lo cual se manifiesta de distintas maneras: la explotación del hombre con fines económicos, la exclusión, la dominación política, el racismo, etc. Inherente a esta “cosificación” es una cultura en donde lenguaje, arte, política, economía, y demás expresiones del quehacer cultural del hombre se convierten en estrategias de dominación con fines egoístas.

martes, 16 de noviembre de 2010

“Objetivismo antropológico” vs. “Subjetivismo antropológico”

Consideramos que, en general, el hombre de todos los tiempos se debate en una “tensión” que consiste o bien en vivir conforme a su naturaleza, entendida como algo “dado”, objetivo, que debe reconocer y respetar o, rechazando la idea de una naturaleza “dada”, vivir conforme a su libertad entendida como un “poder” al margen de todo orden más allá del de su voluntad y conciencia. En el primer caso, el hombre se aboca a la tarea de “humanizar” al mundo y a sí mismo, mediante la “creación” de una cultura respetuosa de las leyes de la naturaleza de las cosas y de sí mismo; esta posición se sustenta en un realismo objetivo metafísico y antropológico. En el segundo caso, la humanización se presenta como la tarea del hombre de “crear” la misma condición humana e imponer su “poder” en las cosas a través de la cultura; se trata de un subjetivismo antropológico que suele conllevar la negación de toda metafísica realista-objetiva. En los últimos siglos ha prevalecido la posición subjetivista. Importa destacar algunos de sus aspectos y sus consecuencias.

Dignidad y naturaleza del hombre

 “Dignidad” refiere a la “cualidad de digno” que una cosa o persona posee. “Digno”, se dice de aquel que es merecedor de lo que le es proporcionado a su mérito o condición. En este sentido, la dignidad humana señala la característica inherente al hombre de ser acreedor de todo aquello que le corresponde por ser hombre. Por tanto, para responder a la cuestión sobre la dignidad del hombre deberemos preguntarnos acerca de su naturaleza esencial.

El hombre: Su dignidad y su trascendencia

En gran medida nuestra civilización contemporánea tergiversa o ignora la dignidad de la persona humana. Vivimos una época de contrastes: Frente a los avances científicos y tecnológicos y las mejores condiciones sociales que se ofrecen en el presente, hay una gran falta de equidad en la distribución de los bienes y oportunidades; frente a un mundo hiper-comunicado a través de los mass-media e Internet, el indiferentismo egoísta y el individualismo parecen guiar buena parte de las relaciones humanas; la riqueza y posibilidades materiales han aumentado en forma geométrica en los últimos decenios pero la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande. La ciencia devela el patrimonio genético de la especie humana, pero en aras de la civilización y el progreso, no se duda en manipular el embrión humano, rechazando su dignidad; la idea de “crear” un hombre ‘a medida’, se torna cada vez más factible. Todo esto nos interpela y obliga a reflexionar sobre el hombre, su dignidad y trascendencia.

viernes, 22 de octubre de 2010

Libertad y autocontrol

La libertad no consiste en seguir ciegamente nuestros impulsos, sino en el autodominio. Podríamos pensar que somos libres cuando en realidad seríamos esclavos de las cosas: de nuestros apetitos, de nuestras pasiones, de la opinión pública, de las modas, del qué dirán. San Pedro, cuando escribía a los primeros cristianos, acusó la contradicción de algunos que proclamaban ser libres porque se abandonaban a los deseos carnales: «Ellos pueden prometer libertad, pero no son más que esclavos de la corrupción; porque si alguno se deja dominar por algo, se hace esclavo de ello» (2 Pe. 2, 19). La esclavitud de la carne es sólo un tipo de servilismo; la esclavitud de la voluntad es todavía peor.
Ser libre es como estar en buena forma. Cualquier persona tiene libertad para escalar el monte Everest, pero muchos son incapaces de hacerlo porque están fuera de forma. No hay ninguna restricción externa en este caso, pero hay una interna. Como hemos dicho, la libertad es algo más que el simple deseo; es la fuerza para realizar lo que deseamos. Si quiero dejar de fumar, pero no puedo porque me falta fuerza de voluntad, no soy libre. Mi voluntad está fuera de forma.
La libertad humana es libertad de toda la persona, no de alguna de sus partes. Para que un esposo posea la libertad de ser fiel, debe poder controlar sus pasiones. Sin este autocontrol no hay libertad. Imagínate el caso de un piloto de Fórmula 1. Es libre de manejar sólo si tiene un dominio completo sobre su vehículo. Debe ser capaz de frenar, de acelerar, de girar en un momento dado. Todas estas maniobras exigen un estricto control sobre el volante, el acelerador, la caja de velocidades, el freno, etc., y son necesarias para conducir con libertad un Fórmula 1.
Si voy a esquiar, afilo las orillas de mis esquís. Ya no serán libres de ir hacia adelante y hacia atrás, pero yo lo seré para girar y para detenerme. Controlar y dirigir las partes en una dirección es necesario para que el todo sea libre.
No somos libres porque no hay quien nos detenga sino porque, con la gracia de Dios, somos capaces de alcanzar nuestro verdadero fin y destino como hijos de Dios. Si la libertad consistiese en dar rienda suelta a nuestras pasiones más bajas y a nuestros instintos, los animales serían más libres que los hombres. Ellos no se sienten inhibidos por la razón o por la conciencia. Su ley es el instinto y los reflejos.
La verdadera libertad es la capacidad para dirigir nuestros sentimientos, pasiones, tendencias, emociones, deseos y temores bajo el gobierno de nuestra razón y voluntad. Así entendida, la libertad requiere que cada uno sea de verdad señor de sí mismo, decidido a luchar y vencer las diferentes formas de egoísmo e individualismo que amenazan su madurez como persona. Las personas verdaderamente libres son abiertas, generosas en su dedicación y servicio a los demás.

jueves, 21 de octubre de 2010

Libertad y Límite

A pesar de nuestra grandeza por llevar el sello de la imagen y semejanza de Dios, somos limitados. Desentrañamos progresivamente los secretos de la naturaleza y aprendemos cómo sacar provecho de las fuerzas del cosmos, y, sin embargo, ¡cuánto queda aún fuera de nuestro control! La libertad humana no es infinita o absoluta. Tenemos que trabajar juntamente con nuestra naturaleza. Esta limitación fundamental de la existencia humana se manifiesta en cuatro dimensiones:
-Limitaciones lógicas: Hay ciertas cosas que no podemos hacer simplemente porque no se pueden hacer. Esto no se debe a la flaqueza del hombre, sino a la realidad misma de las cosas. No puedes construir, diseñar, ni siquiera concebir, un círculo cuadrado; es una imposibilidad lógica. Tampoco puedes componer un soneto clásico en cinco líneas. Estas limitaciones se dan, pues, en toda situación que es intrínsecamente contradictoria.
-Limitaciones físicas: Podemos hacer muchas cosas, pero siempre dentro de las posibilidades de nuestra naturaleza. Ella no consiente que tú y yo salgamos volando por la ventana sin necesidad de instrumento alguno, ni tampoco que alcancemos una edad de 529 años, o que aumentemos nuestra estatura unos 10 centímetros después de los 20 años. Las leyes físicas y biológicas no dependen de nuestra voluntad, y nos señalan con claridad un límite real.
-Limitaciones intelectuales: Ninguna persona humana es omnisciente. Por cada segmento de información que logramos asimilar, hay una cantidad infinita de datos que se nos escapan. Como dijo un filósofo: «Cuanto más sé, más me doy cuenta de lo poco que sé». Nuestro conocimiento de las cosas jamás es completo.
-Limitaciones morales: En sentido propio, esta limitación se refiere a nuestra incapacidad para escoger siempre el bien, si no es con la ayuda de una gracia sobrenatural. En un sentido secundario, quiere decir que estamos sujetos a la ley moral, y no por encima de ella. Somos libres para optar por el bien o por el mal, pero no podemos dictaminar según nuestro capricho que algo sea bueno o malo. Somos libres para robar, pero no podemos convertir el robo en un acto de virtud por pura fuerza de voluntad. Seguirá siendo un acto malo, sea que lo reconozcamos o no. El bien y el mal no son invención del hombre. La moralidad corresponde al bien y al mal objetivos. De nosotros depende solamente el adherirnos a uno o a otro.
La presencia de restricciones es una condición indispensable para el ejercicio de la libertad. Soy libre para jugar béisbol en la medida en que existen unos límites que constriñen mi libertad, es decir, unas reglas que debo seguir. Si pudiera poner un número variable de jugadores en el campo, por ejemplo, 34, en lugar de nueve, se arruinaría el juego; ya no sería libre para jugar béisbol. Sería, además, ridículo ir cambiando las reglas a lo largo del partido.
La libertad sin restricciones es como un cuerpo sin esqueleto o como una compañía que no acaba de decidir si su objetivo es hacer dinero o perderlo. Todo carece de sentido cuando no hay una estructura, unos objetivos claros o una dirección. La libertad necesita unos límites, como todo río necesita sus riberas, o todo rifle su cañón.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Libertad Y Responsabilidad



La libertad lleva consigo algunos corolarios un tanto olvidados. Para empezar, consideremos el dúo formado por la libertad y la responsabilidad. Para la mente actual, parecen contradictorios; y, sin embargo, están íntimamente unidos. No son dos realidades separadas, sino dos aspectos de la mismísima realidad. Como una madre y su bebé, no se encuentran nunca separados. Nadie puede decir: «Me gustaría ser madre, ¡pero sin niños!». Es una imposibilidad lógica. Algo parecido ocurre aquí: no puede haber libertad sin responsabilidad -ni responsabilidad sin libertad. Viktor Frankl remarcó una vez que la excelente obra iniciada con la Estatua de la Libertad en Nueva York debía ser completada con la Estatua de la Responsabilidad en Los Ángeles.
Una acción libre equivale a una acción responsable. El mérito o la culpa, fruto de nuestras acciones, recae directamente sobre nuestros hombros. De modo semejante, no hay responsabilidad allí donde no hay libertad. No se nos ocurre castigar un árbol porque no se quitó del camino cuando nos fuimos a estrellar contra él. Reconocemos que el árbol no tiene ninguna responsabilidad, porque no es libre. La responsabilidad presupone el poder para hacer algo. Sólo podré ser responsable de una acción cuando ésta sea verdaderamente mía.
Ser responsable significa «responder», «rendir cuenta» de nuestras acciones a alguien con quien estamos comprometidos, al menos implícitamente (Dios, otras personas, nuestra propia conciencia). Responsabilidad significa también asumir las consecuencias de nuestras acciones. A veces nos gustaría poder separar los dos elementos: disfrutar los beneficios de la libertad sin tener que cargar con las consecuencias de la responsabilidad. Esta es una de las razones por las que mucha gente se rebela contra la autoridad, por las que los adolescentes se quieren independizar de sus padres, por las que algunos psicólogos inventan métodos para tratar de acallar la persistente voz de la conciencia. Sin embargo, el divorcio entre la libertad y la responsabilidad destruye la libertad misma. La libertad sin responsabilidad no es libertad sino licencia. El que es libre es verdaderamente dueño de sus acciones; y el que es dueño de sus acciones es verdaderamente responsable.

Libertad para actuar



La verdadera liberación consiste en algo más que quitar los escombros de nuestra pista vital o romper las cadenas que nos mantienen cautivos. Si descombramos la pista es para iniciar el despegue. Si desencadenamos a alguien es para que pueda vivir su vida y realizar sus sueños. Lo que pretendemos al librarnos de las constricciones es gozar de la libertad para actuar. La libertad invita a la actividad, a la consecución de una meta. Si tengo libre el viernes por la noche... implica que tengo libertad para hacer algo -se sobreentiende que queremos hacer algo.
La libertad exige compromiso, realización. Si tengo un par de horas libres el viernes por la noche pero no hago nada, me parezco a esas gallinas acurrucadas en el gallinero, esperando algo que empollar. Queriendo aprovechar el tiempo, más bien pensaría: Por fin tengo un par de horas libres, así es que puedo... seguir armando aquel modelo de aeroplano, terminar de leer «El Quijote de la Mancha», escribir a la tía Sara. El dinamismo de la libertad se concreta en una decisión y en una actividad, las cuales se contraponen a la indecisión y a la pasividad. La libertad es libertad sólo cuando se aprovecha para hacer algo, cuando se ejercita.
En este nivel, lo contrario de la libertad es la pasividad y la falta de compromiso. En nuestros días se ha difundido el miedo al compromiso. Muchos deciden «no decidir», porque tienen miedo de optar equivocadamente. Esas personas se aprisionan voluntariamente en la cárcel de su propia inseguridad y temor al futuro. Por querer dejar abiertas todas las opciones, ellas mismas cierran las puertas de su plena realización como personas. Pretenden comer el pastel y conservarlo a toda costa, sin sacrificar ninguna de estas dos opciones. Podría formularse en estos términos el silogismo que respalda la moderna postura del no-compromiso:
1. Lo más importante es ser libre.
2. Si ejercito mi libertad (y me comprometo), limito mis opciones y disminuye mi libertad.
3. Por tanto, no me comprometeré.
La libertad humana no consiste en la ausencia de compromisos, sino en la capacidad para comprometerse y perseverar en ese compromiso. Nos realizamos cuando nos comprometemos libremente como personas y vivimos coherentemente los compromisos que hemos asumido. ¿Acaso una mujer ha perdido su libertad porque ahora tiene cuatro hijos? ¿Acaso ha encontrado un hombre la llave de la libertad perpetua porque a los 43 años sigue sin graduarse del bachillerato y sin buscar trabajo? Obviamente no. Como veremos, el hecho de desconectarnos de los demás, de evitar las ataduras del amor, de las amistades y de la responsabilidad, no es el camino para lograr nuestra realización personal. Es precisamente en la donación de nosotros mismos donde se realiza y completa nuestro potencial como seres humanos.

lunes, 18 de octubre de 2010

libertad de eleccion

Tú eres el autor de tus acciones. Cuando vas al supermercado o hablas con tu vecino o visitas a un amigo en el hospital, estás ejercitando tu libertad en una serie de actos conscientes. Ahora mismo tú y yo estamos escribiendo nuestra propia historia. Esta dimensión de la libertad es la posibilidad, que se opone a la necesidad. La necesidad es aquello que no podría ser de otro modo. Los actos humanos jamás están sujetos a la necesidad, porque cada acto verdaderamente humano es libre. Las personas son libres. Las cosas son necesarias. Bajo esta luz, la libertad consiste en el dominio que ejerce una persona sobre sus acciones.
Nuestra libertad abarca también la realización de un proyecto vital. Cada uno elige libremente lo que quiere ser en la vida. Una persona honesta es honesta por elección, no por obligación. Nos estamos refiriendo aquí a la auto-determinación, que es contraria al determinismo. Hoy día, como en el pasado, algunos sostienen que el ser humano se encuentra inexorablemente determinado por factores externos a su voluntad. Los que profesan el determinismo biológico señalan que nuestras decisiones están inscritas anticipadamente en nuestro código genético. Otros hablan de condicionamientos culturales y sociales, que determinan nuestra forma de pensar y de escoger.
Hay que reconocer que estas posiciones tienen una pequeña dosis de verdad. Hay factores biológicos y sociales que influyen hasta cierto punto en nosotros. Pero esto no quiere decir que supriman nuestra libertad; aunque haya influencias externas, nuestras decisiones son nuestras. Resulta más cómodo culpar a otro de nuestras caídas, pero en el fondo sabemos que la responsabilidad es nuestra. Por esta misma razón, nuestras buenas acciones merecen recompensa, pues las realizamos libremente, aunque tengamos posibilidad de obrar diversamente.
La libertad es algo más que un deseo. Es la capacidad para realizar ese deseo. Podrías querer, tal vez, no morir jamás, o tener dos metros de estatura, pero no podrás optar por esto porque no tienes el poder para realizarlo. Sólo podemos escoger aquellas cosas cuya realización está dentro de nuestras posibilidades.

domingo, 17 de octubre de 2010

Libertad de construcción...

La libertad se aplica en este caso al hecho de estar libre de impedimentos o de interferencias externas para hacer algo. Es la acepción de libertad que más se emplea. Es la autonomía, en contraposición con el control externo. Un adolescente ansía que sus padres le dejen un amplio espacio de libertad. Las industrias tratan de librarse de las restricciones del gobierno. El preso de la cárcel sueña en el día en que por fin podrá saborear una vez más la libertad. La libertad, aunque es un bien en sí misma, puede ser mal empleada. Cuando una persona pretende liberarse de toda responsabilidad y compromiso, comete un grave error, pues está tratando de evitar un ingrediente necesario para su realización como ser humano.

Otro peligro de este aspecto de la libertad es la posibilidad de ser manipulados: pensando que somos nosotros los que decidimos, en realidad es otro el que decide en lugar nuestro. Podríamos preguntar si la gente de hoy goza de mayor libertad que la del pasado. Es cierto que hoy tiene más capacidad para moverse; cuenta con modernos medios de comunicación instantánea y de procesamiento de información. Posee, además, un dominio más amplio sobre el medio ambiente y es capaz de ejecutar tareas que las personas de unas décadas atrás ni siquiera hubieran imaginado.

Sin embargo, en su vida personal, mucha gente se encuentra hoy confundida, insegura, incapaz de pensar por sí misma y de escapar del ruido, del bombardeo de imágenes y de sutiles mensajes generados por la sociedad y, especialmente, por los mass-media. Sus principios se ven atacados y encuentran poco apoyo cuando tratan de vivir coherentemente como seres humanos. En consecuencia, muchas de sus acciones, opciones y preferencias son determinadas por la moda, la opinión pública y las tendencias políticas. Esta manipulación se lleva a cabo con frecuencia impactando directamente nuestras emociones y evadiendo el proceso ordinario de una elección racional.Para asegurar nuestra libertad, debemos defender nuestra independencia de estas presiones externas.

martes, 12 de octubre de 2010

La libertad incluye mi libertad

La libertad Incluye mi libertad de decidir dónde quiero estar en cada momento. La libertad es ser quien soy y no lo que los demás esperan que sea. Libertad es pensar lo que pienso y no necesariamente lo que esperan que piense. En las relaciones personales, mi libertad termina donde empieza el derecho del otro. Libertad es correr los riesgos que yo decida correr, estando dispuesto a afrontar los costos de dicho riesgo. Libertad es salir al mundo a buscar lo que creo que necesito, en lugar de vivir esperando que los demás me den el permiso para conseguirlo...

Libertad de pensar, de sentir, de expresarnos, libertad de elegir. Tenemos el don y el derecho a la libertad...
A veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero podemos elegir qué hacemos con lo que nos pasa. La sensación de libertad, como cualquier otra, es intransferible, pero te invito a que respires hondo... todo el aire está para ti... mira el cielo...enorme, imponente...todo para ti.. eres libre...

Se siente distinto cuando tomamos conciencia de que todo lo que nos pasa es el fruto de nuestras elecciones...

Una sociedad sana se construye sobre el cimiento de la libertad.

Una sociedad sana se construye sobre el cimiento de la libertad. Pero luego hay que aportar materiales que no dejen a la intemperie la dignidad del hombre; soluciones que no dejen abierta esa casa de todos a los vientos del egoísmo, de la injusticia o de la degradación. Porque aunque se edifique con toda libertad, si no se respetan los principios arquitectónicos fundamentales, la casa puede acabar hundiéndose hasta los cimientos.
 
Cuando la libertad humana se ha querido absolutizar, faltándole un fundamento trascendente, la libertad se ha tomado a sí misma como objeto: se ha convertido en una libertad vacía, libertad de la libertad, ley para sí misma, porque es libertad sin otra ley que no sea la explosión de los instintos o la tiranía de la razón absoluta, que viene a ser el capricho del tirano.

jueves, 7 de octubre de 2010

La libertad consiste en el auténtico amor...

Si la más profunda raíz de la libertad consiste en el auténtico amor, en aceptar el propio ser tal cual es por naturaleza, la raíz de la verdadera libertad consiste en asumir consciente y espontáneamente la ley natural.
 
La libertad sólo es libertad para la práctica del bien, de la verdad, de la justicia y de la belleza. Las leyes permisivas contra natura coartan la auténtica libertad, fomentan la depravación del hombre... Una libertad anárquica no es libertad. Libertad no es capricho, ni instinto, ni fuerza bruta. Una libertad no cimentada en la ley natural se destruye a sí misma, es utópica, quimérica y vaporosa, es libertinaje y anarquía. Toda libertad que se precie de tal tiene que auspiciar la defensa de la ley natural, fomentar valores éticos, humanos, morales, religiosos; primero en la persona, para enraizarla, y luego por contagio a la familia, ayudando al pleno desarrollo, unión, madurez integral de la misma. Esta libertad tiene que promover y apoyar toda libertad que contribuya a este fin, al desarrollo de la propia virtud, y por ende, de la sociedad.
 
La dignidad del hombre exige que viva en libertad. Por eso todo sistema político que garantice mejor la libertad será un factor de progreso. Pero si ese sistema no respeta los valores morales propios de la dignidad de la persona, la misma libertad queda frustrada, malgastada. Pues el sistema político no es un valor en sí mismo, sino un marco para que el hombre viva de acuerdo con su dignidad.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La libertad es volar...

Vienen a nuestra memoria unas lúcidas palabras del Premio Novel doctor Heisemberg: “La libertad de volar consiste en el conocimiento de las leyes de la aerodinámica. De igual modo, la libertad en las decisiones de la vida sólo es posible por la adhesión a normas éticas, y quien pretenda despreciarlas, como si fuesen una coacción, pondría sólo desenfreno en lugar de libertad”. Nos atreveríamos a decir, por nuestra parte, que la verdadera libertad consiste de modo radical en asumir conscientemente el propio ser, tal como se nos es dado. Consiste sencillamente en amarlo; es entonces cuando la ley natural (es expresión de la dignidad y del valor de la persona humana, que se manifiesta tal cual es a través de ella) se asume espontáneamente, sin violencias, con libertad.

No es falta de libertad que el hombre acepte su ser tal cual es. Quien, en aras de la libertad, pretendiese andar sobre las aguas no conseguiría otra cosa que ahogarse. Si esto ocurre en el orden físico, lo mismo sucede en el orden moral. Cuando se incumple la ley natural, los efectos no son tan aparentes como cuando se incumplen las leyes físicas, pero no son menos destructores. Equivale a no alcanzar el desarrollo personal, a envilecerse y degradarse.
 
Si la más profunda raíz de la libertad consiste en el auténtico amor, en aceptar el propio ser tal cual es por naturaleza, la raíz de la verdadera libertad consiste en asumir consciente y espontáneamente la ley natural.